Cómo convertir en logros las grandes oportunidades de que viene preñado el 2018.

Cómo convertir en logros las grandes oportunidades de que viene preñado el 2018

Cuentan que un sabio dijo un día a sus seguidores: «Cuando

lleguen a las puertas del paraíso, les harán una sola pregunta,

¡una sola!». Quienes le rodeaban, intentaban adivinar la

cuestión: «¿Has vivido conforme a los dictámenes de tu conciencia?», le preguntaba

uno; «¿Has ayudado a los pobres?», decía otro; «¿Has amado

al prójimo?…». El sabio, sonriendo, señaló: «La única pregunta será

sencillamente ésta: ¿Has sido feliz?».

  • Esto queda bien sintetizado en la afirmación: “la felicidad eterna es para los que saben ser felices en la tierra” que pone en primer plano nuestra dimensión espiritual para conseguir logros materiales. Comencemos preguntándonos ¿Cómo está nuestra alegría? Fundamento de la felicidad y primer paso para convertir las oportunidades que ofrece este año que comienza en logros concretos.

Ciertamente la felicidad no se decreta, ni tampoco se puede renunciar a ella. Somos libres interiormente para todo excepto para no buscar la felicidad. • Es la voluntad nativa según los filósofos. • ¡Nadie quiere ser un desgraciado! Pero lo sabemos por experiencia: la verdadera alegría no se consigue principalmente con riquezas materiales, placeres, etc. Es como una planta que tiene sus raíces en forma de cruz.

En Malasia hay un fruto exquisito de sabor pero repelente en olor. Es como la paradoja de la felicidad: no se puede conseguir sin aquello que cuesta. Pero a los que son capaces de superar habitualmente los sufrimientos y el dolor físico y moral nada los turba; a nada le temen: a nada ni a nadie; ni a la vida ni a la muerte.

Lo único que podría turbarnos y robar nuestra alegría sería no esforzarnos por realizar nuestro trabajo y nuestras obligaciones familiares diarias con la mayor perfección posible: una lucha deportiva, alegre, que impide la esclerosis espiritual, nos mantiene siempre jóvenes y optimistas. Así, ni las contrariedades externas ni las debilidades personales pueden quitarnos la alegría y podremos sacar bien de todas las situaciones que enfrentemos.

Nadie es feliz solo. Visto positivamente, las relaciones humanas son fuente y consecuencia de nuestra alegría. Cabe el poema de Tagore: “Soñé y vi que la vida era alegría. Desperté y vi que la vida era servicio. Serví y vi que el servicio era alegría.” La Madre Teresa era conocida por su capacidad de reciclar el placer que sentía al completar sus tareas. Esto le permitía reabastecer su entusiasmo y energía.

Aprovechemos al máximo tres cauces naturales para contagiar la alegría y procurar la felicidad de los demás: Familia, trabajo y amistad. En ellos la sonrisa ha de ser nota dominante: un día sin reír es un día perdido. Hacer reír a los demás es como la piedra caída en el lago: crea un círculo, luego otro y así.

Las investigaciones de la neurociencia han conseguido las neuronas espejo que replican las conductas que se captan: Sonríe y el mundo te sonreirá. En cambio: “nadie puede aguantar un solo día con un triste ni con una persona desagradable. Hay 5 remedios prácticos para sacudirse la tristeza: 1. Concederse un placer: ¡un chocolate o un helado! 2. Llorar para deshacer el nudo de un dolor -no se trata de ser un llorón- si no, cabe lo que decía William James: no lloramos por que estamos tristes, sino que estamos tristes porque lloramos: es consecuencia palpable de nuestra integridad cuerpo-alma. 3. Buscar la compañía de los amigos. 4. ¡Darse un baño! Mejor si es después de hacer ejercicio. 5. Contemplar el resplandor de la vida y de la verdad: en la creación, en cada ser humano y en las maravillas que ha creado a lo largo de la historia.

Con la familia y los amigos, además de la sonrisa, es también clave repetir 3 palabras: por favor, gracias y perdón. • El agradecimiento es la memoria del corazón • El perdón corta el veneno del resentimiento que es un veneno que me tomo yo esperando que le haga daño al otro.

Evitar el ejemplo del escarabajo pelotero que va formando entre sus patas una bola de inmundicia que luego se la carga encima y seguir el de la abeja que va de flor en flor y consigue en cada una lo bueno para convertirlo en miel dulce.

  • Algo valioso de la PNL es que el uso de palabras, retroalimentan o deshacen actitudes, buenas y malas: si nos acostumbramos a hablar en sentido negativo, quejoso y criticón -aún

pensando que lo hacemos bromeando- terminamos siendo personas pesimistas y cínicas como el astronauta de la película que no quería volver a la tierra porque la gente era insoportable.

  • Decía André Gide “Ni una palabra sale de mi boca sin que haya pasado por mi corazón”.

Una consecuencia importante es el optimismo, no como rasgo psicológico sino como fruto de la esperanza: • Es optimista el que no se detiene a contemplar solo el lado negativo de las cosas y

de las personas, sino que aprecia lo bueno, lo recto: ve el aspecto positivo de las cosas. Lo que nos parece ahora más catastrófico en la vida, viéndolo en perspectiva no es tan negro, no es tan oscuro. Para el médico un enfermo no es necesariamente un cuerpo para el cementerio.

  • El que usualmente ve el vaso medio lleno y no medio vacío, tiene otra ventaja: lo comparte, tiende a ser generoso.

Alegría y optimismo pero sin la sandez de cerrar los ojos a la realidad o caer en el excesivo realismo. Evitar ser como los que dicen: yo no soy pesimista, ¡es el mundo el que es pésimo! Las frases: esto es lo que hay, con estos bueyes hay que arrear o la gente no cambia, pueden ser fruto de un crudo realismo pero también una posición cómoda para no buscar el ideal del buen gobierno: mejorar lo que hay, partiendo de lo que existe, con la intención de hacer lo mejor posible.

  • Obrar con sentido común, que se obtiene ponderando las cosas, evitando la precipitación y el atolondramiento: vivir instalado en el presente, olvidar el pasado e ilusionarse con el futuro.
  • Decía Samuel Johnson que “la tristeza es el estado mental en el cual nuestros deseos están fijados en el pasado sin mirar al futuro, un deseo incesante de que algo sea distinto a como fue, un deseo agobiante de cierto gozo o posesión que hemos perdido”. La ansiedad hunde sus raíces en la preocupación por el futuro y alrededor del 90% de las cosas que nos preocupa no ocurrirán.

Finalizamos con El Quijote: la felicidad no está en la posada sino en el viaje a lo largo del camino.

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