Inteligencia artificial o conciencia artificial. Redes cerebrales y redes sociales

Por Vicencio González

La neurociencia es uno de los temas preferidos en los relatos fílmicos de ciencia ficción. Suele estar todo bien fundamentado y las grandes productoras cinematográficas han incorporado a su elenco como asesores científicos a varios premios nobel, alguno de los cuales se ha aventurado incluso a escribir un guión.

Desde el punto de vista del análisis del poder, de lo que se trata a fin de cuentas y esto no es nada moderno, es de predecir el futuro y en la medida en que se cree el valor llamado expectativa, condicionarlo tanto como se pueda. Aquí entra en juego la ética. Sabemos que toda mala ciencia (en realidad sinciencia) surge de una mala ética, que no es otra cosa que una falta de conciencia.

Para lograr una visión objetiva del tema y contar con pautas de orientación en un mundo donde es fácil perderse ante tanta innovación tecnológica y los retos que se nos ponen delante se requiere una reflexión llena de sentido común a la vez que de profundidad científica. Nuestros cerebros necesitan evolucionar para encontrar las señales sociales, «los gestos» o «guiños», que hagan conectar las redes cerebrales con las redes sociales en que vivimos, tras el progresivo abandono del «cara a cara». Es innegable el interés y la actualidad de los temas: trans y posthumanismo, ciborgs y humanoides, y, mayormente, ¿dónde encontramos y reside la felicidad?

Es necesario el sentido común para situarnos ante el mundo viniente y también para no chuparnos el dedo dando credibilidad a tanto diletante de ocasión. Y de suma utilidad a las personas ajenas a los entresijos técnicos de los grandes debates científicos de la actualidad.

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